Argentina superó los 100 mil muertos por COVID-19

Nacionales 14/07/2021 Por Noticlick
Hoy se registraron 614 muertes y 19.697 contagios en el país. Con esa cifra se llegó a 100.250 fallecidos, número que supera por algo más de un tercio al peor escenario que el gobierno previó al comenzar la pandemia de coronavirus, que nos ubica en el puesto 11 a nivel mundial en cantidad de decesos

Argentina superó los 100 mil muertos por COVID-19 después de 494 días de registrar el primer fallecido. Se ubica en el puesto 11 de este ominoso ranking mundial. En este tiempo hemos visto desde el heroísmo de los médicos y enfermeros hasta la increíble mezquindad de quien se aplica una vacuna antes de tiempo. La avalancha de decesos se explican por un cúmulo de situaciones. Escalón por escalón, esto sucedió en la Argentina para trepar a una cifra que no estaba presente, a principios del año pasado, ni en la peor de las pesadillas.

 
La enfermedad originada en Wuhan, China, a finales del 2019, lleva un año, cuatro meses y 11 días entre nosotros, pero el mundo estaba en alerta ya a principios de enero del 2020.

El 23 de enero de ese año, el entonces ministro de Salud de la Nación, Ginés González García, minimizaba el impacto que el nuevo coronavirus -aún no había sido declarado pandemia- podía tener en nuestro país. “No, hasta ahora no tenemos ninguna posibilidad que no sea un caso importado”, dijo en La Red. Y poco después, redobló la apuesta en una entrevista que brindó a C5N: “Estoy mucho más preocupado hoy por el dengue en la Argentina que por el coronavirus”.

Pasó más de un mes, el virus se había propagado desde China a Europa, donde hacía estragos, especialmente en Italia y España. Fue desde Barcelona que llegó el primer caso que tuvo nuestro país. El 3 de marzo, Claudio Ariel Pazzi fue diagnosticado con COVID-19 e internado en el hospital Agote, en medio de un enorme operativo de seguridad.

Apenas cuatro días después se produjo la primera muerte. La víctima fue Guillermo Abel Gómez, un recolector de basura y militante peronista que en la década del ’70 actuó en las villas de emergencia. Para Ginés González García -según expresó al Canal 12 de Córdoba tiempo después- el virus “comenzó con la clase media y media alta que viajaba”. La historia de Gómez indica que al llegar la dictadura militar se exilió en Europa junto a Nelly, su pareja, a quien habían secuestrado y liberado poco tiempo antes. Con la Democracia retornó a la Argentina, pero parte de su familia permaneció en Francia. Precisamente había viajado allí para visitar a una de sus hijas, nacida en París. Regresó el 25 de febrero y tres días después comenzó a sentir los primeros síntomas: fiebre y dolor de garganta. El 7 de marzo murió en el hospital Argerich. Recién en la autopsia se conoció padecía la enfermedad.

En medio de una gran incertidumbre, sin tratamiento ni vacunas por entonces, el presidente Alberto Fernández dio una improbable receta para combatir el virus. El 12 de marzo, señaló en una entrevista con Radio Mitre: “Según dicen todos los informes médicos del mundo, muere a los 26 grados. El calor mata el virus…”.

Un día después, Eric Luciano Torales, un joven empleado bancario llegado desde los Estados Unidos, eludió el cumplimiento del decreto presidencial que exigía 14 días de aislamiento. Fue a una fiesta de 15 e infectó a varias personas, entre ellas su abuelo, Luis María Suárez, que murió apenas dos semanas después. Fue la primera prueba palpable y contundente de la capacidad de propagación del virus. Todavía no existían las variantes más contagiosas y mortales, como la de Manaos y la Delta.

A mediados de mes, el presidente Alberto Fernández recibió un informe reservado del ministerio de Salud: Las proyecciones llevaban a una hipotética cantidad de enfermos que iba de los 250.000 a los 2.200.000. No lo decía, pero de acuerdo al ritmo de decesos que se registraban en China y Europa, el cálculo daba entre 2.000 y 60.000 muertos. Se quedó corto.

Con esos números en la mano, el gobierno comenzó con las restricciones. El 15 de marzo se suspendieron las clases en forma presencial. En principio fue por 14 días. Los chicos recién volvieron a clases presenciales este año.

Cuatro días más tarde, con 128 infectados y 3 muertos, Alberto Fernández -rodeado del jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta, y los gobernadores de Buenos Aires (Axel Kicillof), Santa Fe (Omar Perotti) y Jujuy (Gerardo Morales) anunció el aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO) en todo el país. Como las restricciones a los vuelos y la ausencia de clases presenciales, la cuarentena iba a durar dos semanas. Pero se fue extendiendo cada vez más: al término de cada DNU se anunciaba la puesta en vigencia del siguiente.

Una de las primeras consecuencias de la virtual clausura del país fue la aparición de argentinos varados en distintos países del mundo. Para finales de marzo eran 30 mil los que pugnaban por regresar sin éxito. Muchos de ellos, médicos. Fue un verdadero drama que puso a muchos argentinos en riesgo de contagiarse: era habitual que, al buscar una rápida vuelta a casa, se apiñaran en aeropuertos de países que, en ese momento, estaban con tasa de contagiosidad mucho mayor a la de Argentina.

En medio del cierre total, el gobierno decidió la apertura de los bancos para pagar jubilaciones y aguinaldos. Es decir, el sector etario que más riesgo corría de infectarse con el virus. Aquel 3 de abril fue un verdadero caos.

El 11 de abril, durante una entrevista con el canal Net, el presidente lanzó un par de frases que, vistas desde hoy, suenan como una profecía autocumplida: “Yo no podría vivir en paz sabiendo que pudiendo evitar una muerte, deje que esa muerte ocurra. No quiera pensar lo que sería en mi conciencia dejar que mueran 40 mil”. Y más tarde, señaló: “Prefiero tener un 10% más de pobres que 100 mil muertos en la Argentina”.

A raíz del cierre de las actividades, la economía se resintió. El consumo minorista cayó el 57,6 por ciento en el mes abril. Muchos sectores reclamaron la flexibilización de la cuarentena para reactivar la economía. El 12 de mayo, Alberto Fernández respondió: “Sepan todos que salir ya de la cuarentena en los términos que ellos reclaman es llevar a la muerte a miles de argentinos”. Pero ante la pregunta de Infobae en una conferencia de prensa, minimizó la angustia que padecía la ciudadanía ante la merma de trabajo y el encierro: “Angustioso es que no te cuiden, angustioso es que el Estado te abandone… la cuarentena va a durar lo que tenga que durar para que los argentinos estemos sanos”.

Ese mismo mes, una encuesta realizada por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) detectó que casi el 60% de los hogares había experimentado una caída en sus ingresos durante la pandemia y que casi 1 de cada 5 había sufrido reducciones de más del 50%. El 24 de mayo, el gobernador bonaerense Axel Kicillof reconoció una parte de la tragedia que se avecinaba: “La economía va a caer. Pero caiga la economía más o menos, lo que tenemos que decidir es cuántas vidas perdemos”.

A finales de mayo, la presión social por la situación económica comenzó a generar distintas marchas en todo el país pidiendo la reapertura de los comercios. De a poco, el número de personas que se acercaban a reclamar se incrementó, al mismo tiempo que las manifestaciones comenzaban a tomar un color político más pronunciado. En forma progresiva, las muestras de descontento comenzaron a replicar no sólo el rechazo a la cuarentena sino a distintos tópicos que impulsaba la oposición. El 31 de ese mes, el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Daniel Gollán, fue más explícito que el presidente: “En 15 o 20 días empezamos a ver las imágenes de Manaos, con cadáveres apilándose en cámaras frigoríficas”.

Sin embargo, los DNU que renovaban la cuarentena dejaron de tener el alto acatamiento del principio y se fueron flexibilizando. El frente político, que hasta ese momento se mostraba unido más allá de las diferencias partidarias, comenzó a resquebrajarse. El 7 de junio, en la Ciudad de Buenos Aires se autorizó salir a correr y a pasear. Los “runners” se convirtieron en el blanco de las críticas oficialistas. Con tono molesto, el Presidente habló: “Querían salir a correr, salgan a correr, querían salir a pasear, salgan a pasear, querían tener los locales de ropa abiertos, abran los locales de ropa. Ahora, esta es la consecuencia, la que les acabo de mostrar, sépanlo”. Ese día se llegó a los 656 fallecidos y los 22.020 contagiados.

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