Murió Sean Connery, el legendario James Bond

Ganador de un Oscar, dos premios Bafta y tres Globos de Oro, el papel del agente 007 lo catapultó a la fama, antes de consagrarse en decenas de películas.
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El legendario actor escocés Sean Connery, que alcanzó la fama internacional con su interpretación del agente británico James Bond y dominó la gran pantalla durante 40 años, falleció a los 90 años.

Connery se crió cerca de la pobreza en los suburbios de Edimburgo y trabajó como pulidor de ataúdes, lechero y socorrista antes que su afición por el culturismo le ayudara a lanzar su carrera cinematográfica, que le llevó a convertirse en una de las mayores estrellas mundiales del celuloide.

Sus primeras armas las hizo como actor secundario en una puesta del musical "South Pacific", primero en Edimburgo y luego en una gira por las islas británicas.

Ya hacia 1954 accedió al cine en pequeños papeles, hasta que tres años después el director Cy Enfield, que lo había visto en el escenario, se obsesionó con él y lo incluyó en su película "Hell Drivers", en la que por primera vez tuvo un papel de cierta relevancia.

Hizo muchos trabajos para la TV británica y ya en Estados Unidos actuó en "La gran aventura de Tarzán" (1959), con Gordon Scott como el "hombre mono", y formó parte del multitudinario elenco de "El día más largo del siglo" (1962), con varios directores férreamente controlados por el productor Darryl F. Zanuck.

Justamente en 1962 le llegaría el papel que le cambiaría la vida para siempre, cuando de la mano de Terence Young llevaron a James Bond de las novelas a la gran pantalla; sería en el "El satánico Dr. No".

Su porte seductor, su voz profunda y un carisma innegable no brillaron de inmediato con la prensa, que hablaba más de la impactante Ursula Andress en bikini que del espía del título.

Sin embargo, a partir del año siguiente, con "De Rusia con amor", el personaje se volvió un éxito, y llegarían detrás "Goldfinger" (1964) -en la Argentina "Dedos de oro"-, de Guy Hamilton; "Operación Trueno" (1965), la tercera de Young; "Solo se vive dos veces" (1967), de Lewis Gilbert; y "Los diamantes son eternos" (1971), de Hamilton, que sería para él la despedida del personaje.

Sin embargo, un mal negocio con un terreno en España lo dejó necesitado de dólares y aceptó hacer una más, doce años después y con el paradójico título de "Nunca digas nunca jamás" (1983), de Irvin Keshner.

Luego de Bond, Connery supo reinventarse y eludir los encasillamientos, y aunque con más arrugas y menos cabello sostuvo su relevancia para Hollywood. En los filmes se presentaba con el tradicional "Bond, James Bond", pero a Connery no le gustaba ser definido por el papel y dijo una vez que "odiaba al maldito James Bond".

En la década de 1980, encadenó importantes papeles valorados por el público y por la crítica, como el de Guillermo de Baskerville en la adaptación de la novela de Umberto Eco "El nombre de la rosa" (1986).

Al año siguiente se puso en la piel de Jim Malone en la trascendental "Los intocables" de Brian De Palma, por la que ganó el Oscar a mejor actor de reparto; y en 1989 se uniría a Harrison Ford y Steven Spielberg en "Indiana Jones y la última cruzada", la tercera cinta de la franquicia y en la que el actor escocés demostraba que aún tenía energía para la aventura.

En la década siguiente protagonizó "La caza al Octubre Rojo" (1990) y la cinta de acción "La Roca" (1996) en dupla con Nicholas Cage, seguidos de "Descubriendo a Forrester" (2000), a las órdenes de Gus van Sant.

En 1989, a los 59 años, la revista People le declaró como "el hombre vivo más sexy".

Connery era un firme defensor de la independencia de Escocia y se tatuó en un brazo "Escocia por siempre" cuando sirvió en la Marina Real. A los 69 años, en el 2000, recibió el título de 'sir' por parte de la reina Isabel en el castillo Holyrood de Edimburgo. En la ceremonia vistió un traje escocés completo, incluido el 'kilt' verde y negro del clan de su madre, los MacLeod.

Connery se retiró de la actuación tras pelearse con el director en su última cinta, la olvidable "La liga de los hombres extraordinarios" en 2003. "Me cansé de lidiar con idiotas", dijo.

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